Me despido de ti, mi amor imposible, escribo estas líneas con resignación y lagrimas en los ojos. Al final me he dado cuenta que no queda nada que hacer, no tengo posibilidades de poder lograr que este amor crezca entre nosotros. Un amor que me ha llenado, pero que nunca me ha correspondido. He de ser sincero conmigo mismo, he de ser sensato, realista, darme cuenta que si no lo he conseguido hasta ahora, no existe forma alguna de convencerte de que yo sea prioritario para ti, de que me hagas sentir importante, lo más importante para ti, de que este amor imposible acabe convirtiéndose en felicidad plena para los dos. Todavía nos queda mucho camino por delante para encontrar esa persona con la que compartir el resto de nuestras vidas, esa persona de la que te sientas orgullosa, de la que no te importe el qué dirán, de la que no ocultes a nadie que lo amas. Una despedida no es fácil, y estas palabras me cuesta mucho escribirlas, pero en ocasiones, las letras tienen un trasfondo duro y realista, que nos hace entender las razones por las que estamos aquí y por las que debemos buscar el camino y traspasar las fronteras que algún día nos devolverán la felicidad que hemos perdido juntos. No obstante, también puedo asegurarte que siempre me acordaré de ti, y guardaré un espacio muy particular dentro de mi corazón, un lugar muy especial donde te acomodaras durante el resto de mi vida, un rincón que siempre estará presente en mí, y que seguramente volveré a abrir cuando apenas me queden unos minutos de vida.

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