Jamás permitas que ningún hombre te esclavice: naciste libre para amar, y no para ser esclava.
Jamás permitas que tu corazón sufra en nombre del amor. Amar es un acto de felicidad, ¿por qué sufrir?
Jamás permitas que tus ojos derramen lágrimas por alguien que nunca te hará sonreír.
Jamás permitas que el uso de tu cuerpo sea cercenado. Tu cuerpo es la morada del espíritu.
¿Por qué mantenerlo aprisionado?
Jamás permitas que tu nombre sea pronunciado en vano por un hombre.
Jamás permitas que tu tiempo sea desperdiciado con alguien que no te hace feliz.
Jamás permitas oír gritos en tus oídos. El Amor es lo único que puede hablar más alto.
Jamás permitas que otros sueños se mezclen a los tuyos, volviéndolos una gran pesadilla.
Jamás permitas vivir en la dependencia de un hombre como si hubieras nacido inválida.
Jamás te pongas linda y maravillosa a fin de esperar un hombre que no tendrá ojos para admirarte.
Jamás permitas que tus pies caminen en dirección de un hombre que solo vive pensando que eres de su propiedad.
Jamás permitas que el dolor, la tristeza, la soledad, el odio, el resentimiento, los celos, el remordimiento y todo aquello que pueda sacar el brillo de tus ojos, la dominen, haciendo enfriar la fuerza que existe dentro ti.
Y, sobre todo, jamás permitas perder la dignidad de ser MUJER.

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