Hoy desperté sabiendo que vivo una de las mayores injusticias que puedan existir, la de amar y sentirme amado por alguien que quizás nunca podrá estar junto a mí, por eso al despertar he mirado por la ventana al cielo y he gritado pidiendo justicia. Sé que Dios nos puso en el mismo camino por alguna razón, que el camino hacia nuestra felicidad es largo, que sólo ahora tenemos pequeños puntos de esa felicidad en el mapa de nuestras vidas, y que el verdadero disfrute está en buscar la manera de que ella pueda romper las cadenas que la tienen atada a una vida que nunca la hizo feliz. Día a día le tiendo mis manos generosas en el dar y que no recibo nada a cambio, y que su gesto más frecuente aunque escaso sea la caricia para reconfortarme. Que su boca refleje la sonrisa que tiene dentro, para que sea una ventana de su Alma. Que mis Brazos son fuertes y tan firmes para contener la ira que nos hace sentir el separarnos cada vez que estamos juntos y la injusticia de que la ceguera de otro no la deje libre para amarme como ella quisiera. Nuestros corazones con cada latido componen la más bella sinfonía que espero que a ella le hagan sentir que vale la pena escuchar esa música y que sobretodo vale la pena luchar por nuestro amor.

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