viernes, 6 de junio de 2014

"TRES FORMAS DE ENCARAR EL AMOR"

La primera es con una vida de reacción, o sea, avanzas hasta que alguien te obliga a cambiar de dirección. Amas siempre y cuando te amen primero. Siempre estás dependiendo de la iniciativa de otras personas. Si no te dicen que te aman, jamás te permites decir lo que sientes, por miedo al rechazo o a no ser correspondid@. (Si a esto le sumas en el caso de los hombres, que los audaces son casi una especie en extinción, realmente tienes un grave problema).

La segunda forma es una vida de conformismo. Con esa predisposición mental, vives amoldándote a la soledad (sea como sea que la estés viviendo; el actor Robin Williams dijo la triste y célebre frase: “Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. Pero no lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo”). No existe peor fracaso que no haberlo intentado. Si eliges amar, has ganado media batalla. Si no eliges nada, has ganado media derrota.

La tercera manera es una vida de intencionalidad. Es la manera en que eliges amar. Si no haces esa transición, estarás en apuros. De automático a manual. De dejarte llevar a provocarlo. De involuntario a intencional. El amor requiere intencionalidad. Necesitas dejar de pensar a quien le corresponde amar o arriesgarse primero, y decirle que lo amas con toda tu alma. Las relaciones afectivas nunca son estáticas, siempre están en movimiento, o cada día lo amas más o cada día lo amas un poco menos. La frase “Todo sigue igual que antes” suena romántica pero suele ser el certificado de defunción del verdadero amor.

Por eso es vital que tengas en cuenta que el tiempo pasa rápido y los recuerdos se desvanecen. La gente se va, pero el corazón nunca olvida. Te olvidas de las cosas que te dicen pero nunca de cómo te han hecho sentir. Y a veces las cosas más pequeñas son las que ocupan más espacio en el corazón de una mujer.



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