Bienaventurados los que adoran ver felices a los demás, los que no son piedra de tropiezo a la felicidad de otros, los que si pueden hacer algo porque otro sea feliz, lo hacen sin esperar nada a cambio, sin egoísmos ni envidias, muy bienaventurados serán porque la felicidad en el alma y en el corazón les durará toda la vida, no tendrán que buscar las bendiciones del cielo, ellas los perseguirán y los alcanzarán todos los días de sus vidas.

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