Las manos de una madre son como dos azucenas,
tan acariciadoras, tan de seda, todo lo prodigan,
aliviando dudas y querellas y nada nos reclaman,
son dos milagros que apaciguan todas las angustias,
para el dolor caricias, para el pesar como unción,
en el pecho como dos alas para nuestro corazón.
Los besos de una madre los sientes ya en su vientre,
los correspondes en sus pechos cuando te alimenta,
sus besos son como ramos de las más lindas flores,
llenos de esperanzas acompañados de una sonrisa,
alivian los dolores y endulzan cualquier amargura,
no importa cuántos años tengas te los da con ternura.
Su apoyo abnegado de madre siempre encontraras
aun cuando todos te dejen el suyo nunca te faltara,
ayudándote cuando tu corazón se encuentre quebrado,
dándote el mejor consejo aunque te hayas equivocado,
es guía como los faros para los barcos en alta mar,
orgullosa iluminando tu camino cuando estés perdido.
El amor de una madre siempre lleno de fe a sus hijos,
esencial como el aire para respirar todos te necesitamos,
entregada, sacrificada aunque tenga poco siempre da,
por mandato divino nos entrega su santa protección,
bendita flor de luz sobre la tierra todo lo llenas de felicidad,
no hay otro amor terrenal más grande que el de una Madre.
Fer Ferrer
Poeta y novelista
Poema Registrado

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