miércoles, 9 de marzo de 2016

"AQUELLA PRIMERA NOCHE"

Aquella primera noche a pesar de contar ya con treinta y cinco años llegaste con pocas experiencias. Yo de inocente ya no tenía nada, sin embargo sentí que rememoraba mis etapas de descubrimiento erótico. Te dejaste llevar, reconociendo que no te las sabias todas, pidiéndome que te enseñara.
La atracción entre los dos era irresistible, nuestros besos y caricias eran pausados. Ninguna historia remota era igual a lo que tú eras capaz de hacerme sentir. Mi mirada que llevaba el peso de los años te decía haber vivido más de lo que mis labios realmente te contaban. Mis manos rocosas recorrían con gran habilidad todos los rincones de tu cuerpo, robándote hasta el último suspiro.
A leguas notabas que fui educado a la antigua, que mi léxico podría ser arcaico para la mayoría, que mi decencia venía de otra época, donde los malos modales todavía no amenazaban la caballerosidad, que ahora es tan escasa y se confunde con el coqueteo.
Te dejabas consentir, que te susurrara palabras hermosas, que te besará cada centímetro de tu piel y que te hiciera el sexo oral sin misterios.
He vivido lo suficiente para entender que la gente no cambia, lo sé bien porque a mí me cambiaron los años, no las personas. He aprendido de mis errores ya que tropecé varias veces en la misma piedra. Sin miedo a ser vulnerable te mostré mi corazón. Bebí de ti sin dejar que nada se me escapara. Esa noche debo confesarte que me di cuenta que te amaba, que te deseaba, que te necesitaba, que te iba a extrañar cada instante que no estuviéramos juntos.
Cuando paseamos por la calle tomados de la mano, siento como me observan con fugaz envidia, hace tiempo que no me importa lo que opinen los demás, lo único verde que tengo son mis ojos, mi interés no es aumentar el número de mujeres que han pasado por mi vida, de batir records de conquistas, porque ya encontré a la mujer de mi vida.
Aunque me halague que algunas veinteañeras o treintañeras me lancen frases melosas, ninguna logra que me conecte con el fuego intenso como lo haces tú, prefiero tu calor tranquilo como el de una fogata que calienta mi alma pero no me quema. Y no, no soy un hombre carente de afecto que te buscara desesperadamente, pero llegaste cuando ya no te esperaba y sólo deseo compartir el resto de mis días contigo para disfrutar de lo eterno, y lo eterno no es otra cosa que amarte para siempre como te mereces.



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